Porque cuando
vi a la luna,
me enamoré de un reflejo
que vi en ella.
Era una cabellera revuelta,
y llena de cabellos
que se rebelaban unos contra otros,
Peleadores innatos. De faz autoritaria.
Inmortal batalla
entre los ojos.
Una fuerza audaz en
la mirada, A veces le temo.
Otras me muero de amor.
Me caigo en tropiezos
mirando tan atento
a sus ojos oscuros,
llenos de pasión y juventud.
Cargados con la vida
que a ambos nos ha hecho
pasar por algunos episodios,
que nos ha partido el corazón.
Me volví por esta vez,
y me animé a marchar con flor en mano.
Tomé el escudo del perfume
que me rodeó como una nube
pintada de colores, y me asomé
por la puerta del café.
Me acerqué temblando
a sus pasos sentados que esperaban.
Me dibujé un sentimiento
de tranquilidad en el rostro,
pero lo dibujé muy mal.
Me descubrió nervioso,
y me habló de la diversión.
De las patas de los perros
que corretean por su plaza
dejando marcas que dan a uno
nostalgia y amor a reventar.
Que feliz soy hoy.
Lo tengo que admitir.
Mis manos pueden
volver una y otra vez a estrecharse
con su amoroso "hola, como estas?"
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