La misma silueta
otra vez
en mi ventana.
Mirando dentro
de mis ojos,
me dice las cosas
que ansía robar
de mis pertenencias.
Le interrogo
el por que de su
intención.
Y no me habla,
sigue atento a mi
mover y actuar.
Mira cada acto
y detalle.
Con astucia
es perspicaz,
y al no ser
yo consecuentemente
de valor y autoritario,
el aprovecha el descuido
y roba mi alma
con solo un fugaz
arrebato.
Desaparece.
Se marcha
con su botín.
Yo mientras
me siento
hundir
en sombras
que carroñean
mi carne
y vísceras
sobrantes.
Pues las fuerzas se
fueron junto con
mi alma, y no
hay motivo
para defender
lo que hay en
mi, lo poco
que me ha
dejado
aquella
silueta en la ventana.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario