Despues del gran diluvio,
la isla desierta asomó su faz al sol.
Tan limpia estaba, que no habia mancha
distinguible entre la arena.
La tierra fue sumandose, y todo
seguia claro. Un edén renovado.
Un pais de maravillas.
Un sencillo papel blanco siendo
fabricado desde cero.
Y las horas retomaron su lugar,
como nuevas.
Cantaban a los pajaros,
y a los cielos hacian brillar.
Ensayando pensamientos,
el hombre de su bote escapó.
Y su pie pisó, y luego su mano escribió.
Surgieron palabras romanticas
de sus ojos.
Sus principios de amor surgieron
como el nacer de petalos de rosa.
Y fue el amor madurando.
Obsesionandose.
Se hizo puro, y se enamoró;
flechado por el llover
de la tarde del primer día, que
la noche, se llevó deprisa.
Mas fue caminando
por las ramas que acariciaban
el viento y las olas del mar.
Saltabá impaciente a su futuro
anclaje, buscando su inspiración
entre las perlas escondidas.
Y las semanas siguientes,
crecia embellecido por el resplandor
de aquella mano tan gigante
que le ayudaba en su pasar y pasar.
Asi creció...
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