Miro un enjambre de imágenes simples,
remontadas en un cuartel de pinturas,
siendo tan solo lo que pretenden ser.
Un color en mi jardín visual.
Miro un Sol naciendo en las montañas,
o en el lejano horizonte del mar.
Ya lo veo en su crepúsculo
adormeciéndose en bellos resplandores
de amarillo y ámbar.
Miro las estrellas desde un terraplén.
O las miro recostado en el pavimento,
en medio de una calle transitada.
Puede que las observe desde otro planeta
o parado justo frente a ellas.
Las estrellas desfilan todas juntas ante mis
pensamientos y constelaciones.
Miro el sombreado de una larga lluvia otoñal,
y el caer de esas hojas coloradas.
El escarlata de la oscuridad del sol,
arremetiendo en una noche tormentosa
de historia de terror.
Miro el cableado de las luces,
que conectan con figuras que a propósito
un ave ha desfigurado con la idea
de dar a su nido un cuadro de elegancia.
Y sin saberlo, a mi me ha dado una
maravillosa contemplación de su
esfuerzo y labor.
Miro a los hermosos pestañeares
de una doncella que me piensa
entre sus sueños alocados,
y que no imagina
cuanto salta y rebota este corazón
enamorado de su existir y presencia
en mi vida tan bendita.
Miro a mis propios ojos
y me doy cuenta que he visto en
nada el mundo entero y mucho mas.
Que la física ha sido entre mis manos
un viento de imágenes atrapadas ahora
dentro mio. Por hoy, y para siempre.
En esta consecuencia de las circunstancias,
agradezco a Dios por su obra majestuosa.
Y me rindo en homenaje a su maravilloso
amor impregnado en las gotas de la lluvia
que arrancaron esta mañana melodiosa que
se termina en pocas horas.
Se me ha otorgado un día en que me sentí... feliz.
En esto doy cierre al poema, con una reverencia
imaginaría. Profunda en todo mi ser.
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