Desde una ciudad sin nombre
estoy mirando a una luna
que no habla nunca.
Desde un rincón oscuro
miro al mar ansioso
por decir estupideces.
Desde mi ventana
estoy observando que la vida
se amontona en circuitos
de luces y sonidos.
Desde mis ojos
la mirada se desvía
a un cielo mas allá
de los planetas.
Desde mis pensamientos
la vista se pasea por las
tierras mas lejanas de mi corazón.
Desde los sueños olvidados,
yo me paro en el origen
de esta naturaleza muerta.
Y entonces...
Es un golpe que me quita la mirada.
Una sacudida que marea
toda mi percepción.
Ahora miro a un monte,
Alto, sublime.
Mas que todos estos ruidos
que antes me apagaban.
Ahora miro a un Rey que me espera,
Con su ejercito a la espalda,
Él me observa a mi. Paciente.
Nota que por fin mis ojos lo han percibido.
Y entonces, alza su mano, sin decir.
El ejercito comprende su autoridad
sin vacilar.
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