lunes, 11 de julio de 2016

No se apaga

La letra se manifiesta en mi garganta.
A mis manos y pies quiere salir.
Ser poema de adoración al
Señor de aquel Santo Lugar.

Es un temblor que derrumba los
postigos de mi ciudad.
La tarima que se cae
sobre la tierra fértil,
perfumada con ese aroma
que mi alma reconoce de
su juventud.

El persistente chasquido
sutil y sumiso
dentro de mi corazón.
Que aun envuelto en esa
capa de malévola oscuridad
y mentira, late y late
poderosamente.

Es la mecha del
Cerviz. De la caída en
rodillas y el sentir
orar de una manera nueva.

Cada palabra dicha
a las nubes, es distinta.
Es distinto cada tiempo
de profetizar. De alcanzar
la gloria, de Dar martillazos
en mis ojos, y en las
puertas de los países ajenos
a mis desventuras.

Mi manera de ser ante la
Corona Majestuosa es
solamente parte de la Relación
que llevamos juntamente,
Él maestro y yo.

Es imperfecta,
soy alumno ciego
y sordo muchas veces.
Mas en mis fallas amo
los pies y huellas que
me guían a las llamas
donde pereceré tan
pronto como sea la
gracia que me ha
sido dada por
Su Voluntad.


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